miércoles, 26 de abril de 2017

JOSEBA SARRIONANDIA: 7 POEMAS (versión en castellano)












El Brazo del manco

Puertas que abren espacios, puertas
que nos cierran todos los espacios,
después de noches pasadas anhelando el día,
días anhelando la noche,
panes que no hemos comido se enmohece
en mesas lejanas;
país que no aparece en los libros de geografía,
nuestro país,
hueco en el que caído, hueco
que nos socava,
beso que no recibimos, beso que se ahoga en la fosa
de los besos que no damos
palabras que decimos, granos de uva tan agrios
como las palabras que callamos;
certezas que no tenemos, nuestras únicas
certezas de verdad.
Todo ausencia, todo carencia y todo dolor,
como el brazo de un manco.


Volver a casa

Con los mapas del tesoro bajo el brazo
dejé mi casa y caminé
por los escondrijos del miedo en busca
del canto de las sirenas

No encontré en mi viaje más que grises
piedras de pedernal
e infectos nidos de mirlo en lo más recóndito
de las selvas negras
Cuando el tiempo agotó el camino
y regresé a casa
era nueva la madera de la puerta y
estaba cambiada la cerradura.


Martín Larralde

Prados verdes, blancas casas de tejados rojos,
un vehículo de la gendarmería
pasa entre un rebaño de ovejas. Rezos en la iglesia
y en las casas
las mismas plegarias de siempre elevándose
suavemente como el humo en invierno.

Martín Larralde no regresó nunca,
pero si hubiera vuelto
(como un erizo con sus púas vueltas
hacia adentro),
si hubiera vuelto, ¿qué? Hoy es domingo,
verdes prados, blancas casas
de tejados rojos, el coche de la gendarmería
pasa bajo un panel que dice Bayonne 17.
La gente, preparada como en una foto de familia, va a misa
con el alma perfumada hasta la náusea. Nada deshace
los nudos de la memoria (todo es costumbre, todo es pecado;
todo absolución). Nadie necesita un trovador
que improvise versos…
Martín Larralde murió un día como este en galeras,
tumbado, con los ojos abiertos, diciendo, tal vez,
que el cielo no es más que un mar sucio.


Mensaje a Bernardo Atxaga

Nos conformaríamos con un libro viejo
bajo un candil viejo.
Para vivir nos bastaría con un corazón
como una ciruela
y la geografía donde puedan caber
nuestros pasos.
Elijo los mapas que usted hizo, el plano
de la ciudad,
la guía de Etiopía, las cartas de Obaba y Hamburgo.
Y ando cada día por esta frontera
que usted señaló en rojo
entre nuestra vida y la tierra
incógnita.
Yo quisiera vivir con usted en este infierno
florido, en este paraíso de cenizas
que probablemente Bernard d’Etchepare
soñara hace tiempo.


Malos tiempos
Schlechte Zeit für Lyrik.”
BERTOLD BRECTH

A veces nos despertados sin ninguna certeza 
en absoluto.
No sabemos qué es bueno, qué es bello,
qué es verdadero
y al hablar de cualquier cosa tenemos que añadir “parece”,
“en mi opinión” o “creo que...”.

Vivir es, sin duda, un ejercicio
de indigencia.
Como el frenesí del pájaro que intentando
atravesar
el ficticio cielo choca una y otra vez contra
el cristal de la ventana

Sabemos muy poco del mundo y
de la vida,
deambulamos de un lado a otro
ignorándolo todo,
y, es posible que nunca lleguemos a comprender
mucho más.

Cierto, son malos tiempos estos, tan malos que
cuando alguien cree recordar
y dice: “¡Aquellos sí que eran buenos tiempos!”
nadie sabe a cuáles se refiere.
¿Seguiremos vivos mañana al despertar?
Es difícil vivir la vida

con la atención y la emoción con la que vemos
una película americana.
Sembramos semillas de incertidumbre y cosechamos
mucha perplejidad.
Las palabras que escribimos adquieren
casi de inmediato otro significado.

¿De quién es el error, se es que hay error?
¿Somos acaso nuestros propios enemigos?
Ay, poetas de los malos tiempos,
¿qué podemos hacer?
¿Qué podemos abrir nosotros con la diminuta
llave de la poesía?


Oscura paz

Defiendan ustedes esa comodidad sembrada de armas
pesadas, billetes de bancos e inmaculadas palomas.
Defiendan ustedes su oscura libertad de hacer trabajar
a los demás, ver deporte e invocar a Dios.
Defiendas ustedes la oscura casa de su padre,
para que no se pierdan ni una telenovela.
Defiendan su negro dormir para que sus dulces
sueños engendren dulces sueños.
Defiendan ustedes la placidez de sus corazones
aromatizados hasta el hastío y su fin de semana.
Defiendan su oscurísima paz
y ese reloj de ustedes de única aguja:
somos hijos de alguna oscura loba,
ya es hora de que nos señalen con su dedo índice
para que sus policías disparen contra nosotros.



Las cosas que no son

Las cosas más hermosas que podrían existir no existen.
Las palabras con más sentido, por ejemplo, aún no se han dicho.

La mayoría de los países son países ignotos.
Cuántas cosas que no son, cuánta gente que no es en el mundo.

Incluso nosotros, nacidos en un país que no existe,
ni qué decir que somos
lo que no somos.
Todo carencia, todo necesidad, todo tiempo,
todo ausencia, todo eventualidad, todo contexto.
Todo está por pensar, por sentir, por decir.
Y casi todo aquello que debemos hacer está aún sin hacer.

Tal vez las cosas que no son, sean de alguna manera.
Porque la vida se compone también de cosas que no son.
Muchas cosas que no son tratan de hallar su nombre,
para evitar la humillación de no ser y llegar a formar lo que todavía no es.