sábado, 30 de enero de 2016

ZURGAI POESÍA SIN IVA



Dos poemas publicados en el número de Zurgai POESÍA SIN IVA


 
José Luis Piquero

Dinero

Lo tuve.
Y la llave del cofre del tesoro, toda de plástico,
leal como un amor adolescente,
con su leve chasquido de sexo maquinista.
Oh, cajeros, banquetes
del siglo XXI, que no sacian,
y la hermosura de las Matemáticas.
Entonces no le hacía mucho caso.
Era tan mío como mi nariz
o mi mano derecha.
El dinero no es sucio. ¿Acaso tu mascota o tu bebé son sucios?
¡Y hacía cosas, cosas!
Prodigios cotidianos: un mago de bolsillo.
Y su música enérgica, contante,
era la melodía de un mundo hermoso y lógico.

Ya no lo tengo.
A veces noto el hueco como una amputación de lo mejor de mí.
Y es curioso haber sido tan propicio
y ya no serlo. El nombre de su ausencia
es Intemperie.
Ahora sé lo que era
el dinero: un yo perfeccionado.
Y otra cosa: un espejo en el que se miraban los demás
y era a mí a quien miraban, conmovido
de aprobación, ligero de aflicciones.
Y el mundo proseguía,
como las cosas llenas, como lo que rebosa,
mientras yo abría puertas e iba alegremente a todas partes
cantando: cuánto, cuánto, no hay problema...
 
  
 
María do Cebreiro

Hambre y poesía

El poeta era pobre y tenía un pozo de agua mansa dentro
del corazón. Para consolarse pensaba: "Tal vez no sea más
que una sopa de letras". ¿Quién empuñará la cuchara por
el mango y soplará sin pausa hasta que enfríe (siempre
estará demasiado caliente el corazón) y consolará al poeta,
de tan agujereado como está? Pero el poeta yerra.
No tiene dentro una sopa (eso no es más que otra fantasía
del hambre), sino un desierto. Igual que el de Sudán,
que Pasolini quiso describir a la manera de Homero,
como si los dedos de arena fuesen semejantes a las yemas
rosadas de la señora aurora. Y el desierto se parece más bien
a un mar de sangre que se deshace en la codicia de los dedos
de los amantes, y después de cogerlo, no hay quien lo sostenga.
Todos tenemos un precio, o eso dicen, pero siempre es mejor
que nos lo pongan otros, y pujen por los treinta y pico huesos
de la columna, y paguen por el lote completo un poco más
de lo que pagarían por un hueso de fruta o espinazo de pez.