miércoles, 14 de enero de 2015

José Fernández de la Sota: Juan Larrea. El hombre al que perseguían las palomas























Este libro lo ha puesto Juan Bonilla en un estante de su Biblioteca en llamas y ha dicho que en él José Fernández de la Sota sigue el rastro de Juan Larrea “a través de los seis países en los que fue gastando la vida, a través de sus amores y sus fantasmas, de sus amistades y sus rivalidades, de sus gracias y, también, de sus desgracias (…) El resultado es un libro que se bebe a grandes tragos, un retrato fidedigno del enigmático protagonista y gran poeta. Lo ha publicado El Gallo de Oro. Dejemos que pasen unos años: si el libro de Fernández de la Sota no lo reedita una editorial grande, es que sencillamente tenemos lo que nos merecemos.”

 Juan Ángel Juristo, por su parte, ha escrito en su sección de Cuarto Poder :
“Debería tratarse de acontecimiento el que por fin se haya publicado la primera y única biografía que de Juan Larrea se ha realizado”

Y en efecto esta es la única biografía que existe de Juan Larrea y la ha publicado El Gallo de Oro. Salió anteriormente en una editorial de vocación muy local un adelanto de la obra, pero era una versión recortada por exigencias de la colección. Ahora el público tiene a su alcance las más de 400 páginas del libro original, revisado y corregido por su autor, un relato de todo lo que se sabe de la vida de Juan Larrea recogido de las diversas fuentes en que estaba disperso, organizado en una narración coherente y situado en el contexto histórico y cultural de su época.




Tiene este Juan Larrea. El hombre al que perseguían las palomas las dos características principales de toda buena biografía: es rigurosa y es amena. Rigurosa porque está perfectamente documentada. Amena porque está bien escrita y bien contada, porque todas sus partes encajan en un relato que parece reproducir el carácter orgánico de la vida, pero que es en gran medida obra del arte y de la sabiduría narrativa del autor.


Del género biográfico en general decía Elvira Ontañón en un artículo publicado en el diario El País el 11 de julio de 2002 con el título “La biografía como género literario” que si “está bien construida y documentada, es un apoyo excelente para conocer la historia y el mundo en que se mueve el personaje”. En realidad, esta es otra característica de las buenas biografías, que sirven para conocer el mundo en que vivió el personaje, pues sin ese conocimiento, el del propio personaje se vuelve superficial y casi vacuo. A través de esta biografía de Juan Larrea visitamos el ambiente de una  familia burguesa en el Bilbao de principios de siglo XX, asistimos al nacimiento de la Generación del 27, nos asomamos al París de entreguerras donde las vanguardias literarias y artísticas llevaban a cabo su revolución incruenta; tratamos a Gerardo Diego, a Vicente Huidobro y a César Vallejo; conocemos porqué Vittorio Bodini le llamó a Larrea “padre desconocido del surrealismo español”; sabemos en qué forma le perseguían las palomas y cómo le llevaron al Nuevo Mundo; recorremos Perú en los años 30 del siglo XX reuniendo un tesoro incaico: visitamos la exposición universal de París de 1937 donde nos enteramos de los entresijos de la gestación del Gernika de Picasso; vemos a Larrea tomar partido por la República a medida que la sublevación se convierte en “la guerra de España”; nos sentamos con él a la cabecera del lecho de muerte de César Vallejo; estamos presentes en la primera reunión de la Junta de Cultura Española y en el nacimiento de España Peregrina y de Cuadernos Americanos, ya en Mexico; recorremos las calles del Nueva York de los años 40 y 50 acompañando a Larrea que escribe e investiga en la biblioteca de la Universidad de Columbia con una beca de la Fundación Guggenheim: asistimos a sus encuentros  con Buñuel y seguimos la pista de sus proyectos frustrados, los que muñeron al unísono pero en los que al final no pudieron coincidir; contemplamos el desarrollo de una obra literaria y un pensamiento peculiares; vemos a Larrea instalarse en Córdoba, Argentina, en 1956, donde se abre todavía para él una etapa repleta y tormentosa con algunas mesetas de calma, en medio de un clima político inquieto, un clima cultural no siempre favorable y una vida familiar marcada por la tragedia.



Si la vida de Larrea es fascinante y nos puede ofrecer un retrato de su tiempo, es mérito del autor de esta biografía haber sabido componer ese retrato doble, el del poeta-ensayista y el de su mundo. La prosa de José Fernández de la Sota, limpia y a la vez expresiva, es también el resultado de muchos años de trabajo como poeta, narrador y periodista. Entonces sus reflexiones y consideraciones personales no pueden sino aportar valor añadido a la obra.

“Dice Carlos Castilla del Pino que toda biografía está destinada a ser una resignación. Quienes nos embarcamos en el relato de una vida ajena debemos aceptar que ofreceremos siempre una versión parcial de nuestro personaje, ese individuo que hemos hecho nuestro a lo largo de un tiempo y de un espacio escrito”.


Con esta declaración de humildad se abre el libro en el preámbulo donde el autor nos expone sus intenciones y nos hace su propuesta: 


“No se trata de un estudio académico (ya dijimos que los hay excelentes). La biografía es un género literario. Un género modesto y “resignado”, como dice Castilla del Pino”, escribe de la Sota.

Esta declaración de humildad es realmente una declaración de lucidez y una garantía de que el autor maneja el género con un buen conocimiento de sus límites y sus potencialidades. También de que nos ofrece una visión de Larrea y de sus empeños literarios basada tanto en la comprensión personal como en el manejo de un amplio abanico de testimonios y de fuentes. Es decir, en el trabajo y en la inteligencia, y en la sensibilidad, que es una forma de inteligencia.