jueves, 7 de agosto de 2014

Violeta Rojo: Lugar llamado Edgar


Violeta Rojo escribe sobre Eli Tolaretxipi



LUGAR LLAMADO EDGAR

Edgar es un lugar en el que reverberan historias. Para Eli Tolaretxipi la poesía es “un espacio entre intersticios donde respirar” (Entrevista ET/JMS) y en Edgar estamos por tanto en una de las zonas de su país literario.  En ese lugar Edgar podemos deambular entre textos, vestidos “con el traje de las lecturas” (Nueve). Se puede estar allí entre imágenes y palabras, buscando alusiones, invocaciones. En Edgar no se replican los personajes o situaciones de Poe, sino se esbozan destellos de las sensaciones, sombras, frialdades, sueños y dolores que la lectura de este autor suscita.  Edgar es un libro sobre las resonancias que aquellos relatos y poemas generan en la autora. Leer Edgar implica entrar en una geografía de espejos y brumas; vagar entre visiones de textos, personajes, situaciones; errar entre reflejos que, como en un ideograma, se convierten en nuevas lecturas.
En otro libro, nuestra autora dice: “Narro, cuento, explico. /Usted, discurra, comprenda, entienda lo que pueda. El poema/ no es una guía práctica para ser infeliz,/ni un espejo donde usted se vea reflejado” (Conferencia 12-01-2001 7:30 pm). Estos versos podrían convertirse en el mapa para pasear en ese lugar llamado Edgar.  Hay que discurrir y entender lo que se pueda, aprisionar relaciones, atrapar recuerdos y, también, al contrario, vernos en esos poemas como en espejos de lo que produjeron aquellas lecturas en nosotros y de cómo cambian a partir de esta nueva revisión.
Y así, cavilando, infiriendo, se puede llegar a la certeza o a la deliciosa interrogante, a la placentera duda, al gozoso no saber, a recorrer posibles relaciones entre cuentos leídos, vagamente recordados, revisados de nuevo, quizás sin certezas antipáticas, sin fastidiosas seguridades. Sólo buscando posibles ecos, atisbos de aquello, murmullos que nos hacen relacionar textos con textos, a veces con exactitud, pero otras veces sólo con matices que nos persuaden de que aquel blanco se parece a este negro, que aquella muerte tiene que ver con esta vida. 
Porque es fácil pensar que “Morella” se basa en la Morella de Poe. Tan erudita, tan oscura, la que se ocupa de filosofías muertas, tan insoportable para su esposo. O en su  hija, tan amada, tan aterradora, tan sin nombre. Una especie de Golem contrario, que sólo muere cuando se le da apelativo. 
Pero menos sencillo es el marinero de “Límite”. Entre tantos mares de Poe, tanta pasión por el ponto, ¿Quién será el marinero borracho? ¿Será Arthur Gordon Pym en el barco ballenero? Sé que no es alguien de la tripulación de “Manuscrito hallado en una botella” (eso estará después en otro poema)  más sin embargo ese límite,  ese abismo podría ser aquel, o también el que produce el remolino de  “Un descenso al Maelstrom”. No lo son, pero de cierta manera son todos el mismo despeñadero.
Y en “Invernadero”, esas ventanas sucias, esas plantas,  quizás no tienen que ver con “El cottage de Landor”: sus caminos como obras de arte, los troncos majestuosos, esa limpieza general.  No parecieran compatibles el lugar perfecto con el decadente, pero uno rememora al otro.
La incertidumbre es también un lugar. Y seguimos vagando por esta zona en el que hay muerte, vistas que se cierran, dolores, fragmentos de vida paralizados.  Como la de Annabel Lee en “Cámara oscura”, querida, vida, novia, en su sepulcro junto al mar.  O como “Berenice”, prima de Eageus, la de los dientes en una caja.  Pero en “Detalle (Bacon)” nos podemos debatir entre los dos Francis: el poeta y el pintor, tan distintos, tan cercanos.  ¿Será esa “Casa orgánica”, en la que fuerzas dominan a la gente, la de Usher? Una es el “observatorio de la sequedad”, otra una “mansión de melancolía”, ambas casas vivas. Lo que sí sabemos es que Madeleine Usher no vive, o vive en la muerte, o fue enterrada en vida, y también sabemos que algo oscuro sucedió entre esos hermanos.  Igual que sabemos que el “Retrato” es oval, que muestra una bella mujer “aterrada por los pies”.  Pero es posible que no descifremos si “Eleanor” es “Eleonora”, que como “Morella” volverá de la tumba, o es “Lenore”, que no volverá de ella.
Y en ese paseo por el lugar Edgar, también hay otros emplazamientos: hay sectores Cadenas donde el cuerpo es carne fascinada; y esquinas Sexton o Plath que aún huelen a gas.  Hay puntos Shakespeare donde las espaldas son dobles como las del monstruo o negras como la del tiempo. Hay parajes Bishop, en donde la luna y el placer son mecánicos y donde Edgar Allan Poe y la rocola no son sino fragmentos, pedazos, borradores.
Este sitio de sombras y brillos, rumores y humos es el lugar llamado Edgar, y también el lugar llamado Eli. Ahora son el mismo espacio.
Violeta Rojo, Caracas, julio de 2014