martes, 1 de julio de 2014

BEÑAT ARGINZONIZ: La libertad que destruye el mundo




LA LIBERTAD QUE DESTRUYE EL MUNDO

Dicen que se vuelve, se vuelve siempre, como un Perro
tras las huellas del dolor. Se vuelve al lugar del crimen, se
vuelve al lugar del amor, se vuelve siempre, en una especie
de asimilación por reiteración, al lugar definitivo donde
quedó grabada la marca insoportable del horror. Y es ex-
traño, pero allí donde sólo la muerte habla y nada queda
por decir, aún es posible cerrar los ojos y descansar, olvi-
dando la sentencia, olvidando por un momento la rúbrica
absurda desde la que el presente deniega la vida y acredita
el fracaso. Sí, es extraño.

He vuelto, después de veinte años, he vuelto como se
vuelve de los sueños, helado, mudo, desnudo como el cie-
lo, irreal como un perro. Y entro al cementerio, puerta del
infierno o de Ia gloria, y camino entre tumbas y más tumbas.
Veo un gato, veo un pájaro, veo una araña, veo una mosca.
Veo huesos, sombra, polvo, hombres, mujeres y niños acu-
mulados en los quicios del olvido. Y camino entre cruces
y más cruces, intersección donde confluyen el espacio y el
tiempo, la sabiduría y el amor...mierda.
Nombres y más nombres de gente que ya no existe y
que acaso alguna vez estuvieron vivos y soñaron con la
vida. Vivos en la muerte de la vida, muertos en la vida de
la muerte, yo qué sé, un relámpago entre dos eternidades
de silencio. Fechas y más fechas (1923-1962) (1973-2013)
(1961-1992) (1960-1992), Ia vida es un paréntesis entre
muerte y muerte, una flor absurda. El viento, el soplo que
apaga ta vela, la bruja que barre las hojas muertas con la
escoba gris del tiempo, hojas que al pasar clausuran con
su risa seca una broma pesada.

Cierro los ojos e imagino la caligrafía imposible de
los sueños, imagino lo que fue y lo que debió haber sido.
Porque tal parece que eso que llaman vida sólo puede ser
vivido a través del engaño, a través del sueño o el delirio,
y que su única estructura es la esperanza. ¿Hay mujeres en
ía tumba?¿Es la muerte como un vino? La esperanza...
porque la vida es sólo un estado de espera.

Pero aquí ya no hay espera ni esperanza, aquí ya no hay
dicha ni desdicha, y el dolor de la existencia desaparece
bajo el consuelo de unos párpados inmensos que dejan
marchar el día.

Y me paro junto a una tumba y recuerdo una vez más.
Una vez más abro y cierro la herida, abanico incompren-
sible de la vida:

Te estoy viendo por última vez, sentado junto a los
más viejos del barrio, recibiendo las cartas: corazones, ca-
ballos, reyes..., te veo encender un cigarrillo tras otro,
como dicen que espera el condenado, con el vidrio de los
ojos velado por el vaho de la muerte, como dicen que se
espera cuando ya sólo el humo reglamenta la vida: lúcido,
por fin despierto, mirando al otro lado. Y advierto que
la muerte esperada es mucho más cruel que la que llega
de improviso, disfrazada o de puntillas. Te estoy viendo
ahora, ensayando tu ultimo gesto para la eternidad: aspiras
hondo y sueltas el humo sobre las cartas, borrando por un
momento la partida.

–Eh,Iosu... ¿Qé haces ahí jugando al mus?
–Nada, ya ves, estoy haciendo tiempo para perder el
tiempo, jugando con estos chavales...
–¿Chavales?
–Sí, claro, ¿no ves que aquí yo soy el más viejo? ¡Tengo
casi cien años!

Te escucho reír.
Tu risa es la libertad que destruye el mundo.

(Beñat Arginzoniz.
Del libro Pasión y muerte de Iosu Expósito, Ediciones El Gallo de Oro, Bilbao 2014.
Ilustración de Florentino Aramburu Eguizabal, Detritus)