miércoles, 6 de marzo de 2013

Asier Vázquez: Bésame entre la niebla


Asier Vázquez: Bésame entre la niebla. Ediciones El Gallo de Oro. Poesía. Bilbao, 2012.

Hemos ido dando noticia y muestra de todos los libros que han salido en la colección de poesía de la editorial El Gallo de Oro. Nos faltaba este, pese a ser el número 2, que no había caído aún en nuestras manos. Es un libro de poesía amorosa, género difícil donde naufragan los cursis, pero que bien manejado sirve para hablar de todo, de la vida, de la comunicación, de la poesía... Y también del amor, claro. Además sirve para hacer literatura. Todo esto lo hace Asier Vázquez en una serie de poemas que pueden satisfacer a lectores muy distintos, desde el lector ingenuo que aprecia la literatura de las emociones y los sueños, hasta el lector culto (o resabiado) que contempla cómo el poeta funde diferentes influencias y desarrolla con elegancia las variantes personales de los viejos y eternos tópicos amorosos, a los que sabe infundir nueva vida y recrear en un escenario de nuestro tiempo.


Asier Vázquez:

DESOLACIÓN
mire donde mire.

Desolación cósmica
de uso cotidiano.

Las gentes salen a la calle
como en el instante posterior
a una gran explosión silenciosa
con miradas pavorosamente perplejas.

Perfumes que jamás agrietarán la memoria del dolor,
los desvencijados mármoles del amor que ya no es,
el abismo rojo de la distancia,
la ausencia.

¿Dónde estás además de ante mí?
¿En qué íntima lejanía te ocultas?
¿Dónde clavas tus ojos, brevedad azul?

Norteñas ciudades de barro en las que dormiremos a la intemperie,
la esperanza que tejes de día y destejes de noche,
la desapacible superficie del mundo,
bares en los que entrar
a entreabrir los labios
para pronunciar tres o cuatro palabras de amor
y besarte la boca
y de ella su silencio.





DE QUE el cosmos reserva para cada cosa
un breve pero exacto lugar
estoy seguro.

También sé
que en cada una de esas cosas
hay un hondo y diminuto hueco
para cada instante y cada fragmento del universo.

Antes de proseguir,
quisiera aclarar que por cosa entiendo
alma y cuerpo,
objetos vivos y muertos irracionales en general,
y todo el resto de atrezo cósmico más o menos intangible:
las estrellas, el utópico tiempo, los abrigos, etcétera.

Pero a veces ese infinito equilibrio se desordena
como tu pelo en los días de viento.

Entonces,
solo queda esperar
sentado entre la niebla de algún bar
a que llegues sonriendo.

Basta con tenerte cerca, y que me beses,
para que se restaure
el hondo y diminuto hueco para el universo en las cosas,
nuestro breve y exacto lugar en el cosmos.





SI PIENSO en los poetas
imagino a Angel González
solitario
en alguna soleada avenida de Madrid.
Es un sábado de mediados de enero
y camina
con las manos desnudas en los bolsillos.
Viste americana con camisa
y te está esperando.

Si pienso en la poesía
te imagino a ti
brotada en mitad de este invierno,
azulmente hermosa,
absorta
ante la fugacidad
de un escaparate repleto de sombreros.
Es un sábado de mediados de enero.
Hace sol y la gente abarrota las calles y las tiendas.
Llevas minifalda y se te ha rizado el pelo
y yo ya he llegado.





APUESTO A que has olvidado a propósito
el cetro del amor
en casa.

Sé que hay canciones
que no podremos volver a cantar
nunca más: yo también aprendí
la muerte
muy pronto,
poco tiempo después que tu.

Quizá por eso
o a pesar de todo sonríes
y te quitas las sandalias
y hundes tus pies descalzos
en los alcorques de los árboles.

Escucho a Dylan
mientras ahí fuera
transcurren los primeros instantes
de la desigual batalla
entre el fulgor y la melancolía.

Dime tu,
amor mío,
de qué lado se han puesto
nuestros corazones.





AL OTRO lado del jazz
está la lluvia
y los vagos contornos de la empuñadura del tiempo:
ruinas que sepultará la madrugada a su paso,
humo que asciende hacia el ciego crepúsculo y la noche.

Al otro lado del jazz está tu cuerpo
envuelto en el humo que asciende,
temeroso de la ciudad y sus asuntos.
Y yo,
que ya no creo en la primavera,
camino bajo cielos y más cielos
de plata y penumbra
y añoro,
añoro tu luz sinuosa,
tu cuerpo de silencio entreabierto,
tu boca alerta,
y la ciudad baldía que me entregaste entonces.