domingo, 1 de julio de 2012

Libro de Pablo González de Langarika en Ediciones el Gallo de Oro; texto introductorio de José Ramón Zabala

Dos noticias y un libro: Entre los pliegues de la luz, de Pablo González de Langarika, ha sido publicado por El gallo de oro Ediciones. La segunda noticia es la aparición de esta editorial en el País Vasco. Es decir, Entre los pliegues de la luz es el primer libro que publica El gallo de oro, en una colección de poesía dirigida por Juan Manuel Uría y Beñat Arginzoniz. El libro lleva una introducción de José Ramón Zabala que reproducimos a continuación.



Esos otros pliegues
José Ramón Zabala

La poesía de Pablo siempre se ha caracterizado por un
cierto hermetismo y, a la vez, por su pluralidad de
interpretaciones, característica ésta como es ya sabido
de la buena literatura. Acceder a estos versos, que no
entenderlos del todo, requiere siempre un esfuerzo por
parte del lector, una relectura y un tiempo de espera
antes de retornar a ellos. La imaginería de los
sueños, pesadillas, el simbolismo visionario, las
metáforas imposibles, los escenarios oníricos
construyen un complejo entramado abstracto a través
del cual el poeta nos habla de conceptos para los
que nuestros idiomas apenas tienen palabras,
colocándonos en el mismo umbral del misterio.
Entre los pliegues de la luz es una nueva vuelta de tuerca
en esa dirección.

Y sin embargo éste es un libro diferente. Por supuesto,
vamos a encontrar de nuevo aquí todas las caracterís-
ticas que mencionamos, pero al tiempo, de una manera
casi sorpresiva, desde estas páginas nos va a asaltar la
realidad más cotidiana y concreta del autor, señas y
datos de su autobiografía y de su entorno personal, de
sus gustos y fobias... Todos estos conceptos escapan
no ya por los pliegues de la luz,como parece sugerir el
título, sino a través de esos otros pliegues del tiempo y
la nostalgia, auténticos protagonistas del libro. En este
hermoso poemario el sujeto poético es más Pablo que
nunca.

A lo largo del nuevo trabajo el escritor bilbaino
desgrana una especie de recapitulación vital, un ba-
lance lírico del pasado y, también, de lo que le queda de
futuro. El protagonista recuerda las manos de su
madre, la ausencia de su calor, "nunca más contaré con
tu sonrisa", la infancia de un niño de otro tiempo, los
lametones de Kira que acerca aviesamente su nariz no
sé si porque el poeta menciona a Blas o porque su
manga escupe un as de corazones. Estas mismas refe-
rencias a Blas de Otero o a José Agustín Goytisolo nos
hablan de la propia biografía líteraria de Pablo, de su
evolución desde lo concreto y social hacia lo abstracto
y la luz, intuida ésta como próxima.

Da la impresión de que el autor ha escrito estos poe-
mas con una libertad a la que no nos tenía acostum-
brados en sus últimos libros. Es quizás una lírica más
espontánea y por ello mismo más tierna y cercana, más
emotiva. No hay aquí una estructura tai cerrada como
por ejemplo en El grito de las aves y eso mismo se
expresa en la aparente ausencia de metros, en esa prosa
poética, casi versículo, en la que se engarzan referen-
cias, a veces intertextuales, salpicando y uniendo unas
páginas abiertas y mágicas desde lo cotidiano.

A la vez también hay un tono más optimista que en
libros anteriores. Bueno, sin exagerar; optimismo a la
medida de un hombre que sufre y desgrana versos que
no están lejos del fin. Busca el poeta a través de las
palabras y de las imágenes respuestas que sabe no va a
encontrar, a la vez que es consciente de que la muerte
en sí misma no es más que una explosión de vida, vidas
ajenas al yo, por supuesto, pero vida aI fin y al cabo.
Probablemente ahí esté la luz. Ahí y en Ia añoranza,
en el recuerdo de lo gozado y vivido. Pero sobre todo
porque "acecha el tiempo que vendrá" y "aún es bella
la luz, aunque os pese". Hay futuro, sí, pero crece en
otra sangre.

No quiero acabar estas líneas sin llamar la atención
sobre un poema que me ha parecido importante,
importante para entender la poética y la filosofía vital de
Pablo. Se titula "Manifiesto" y eso mismo nos indica
que no se trata de un texto casual o de circunstancias
porque el escritor no es persona que lance afirmaciones
gratuitas y si dice que es un manifiesto, está claro que
lo es. De esa declaración de principios, vital y compro-
metida, quiero destacar una frase, una solo para fina-
Iizar esta breve presentación: "Ser poeta es exigir la
dignidad que abrace eternamente la utopía". Ese poeta,
sin duda, se llama Pablo y la poesía quizá su mayor
utopía.