lunes, 28 de diciembre de 2009

PABLO GONZÁLEZ DE LANGARIKA

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Pablo González de Langarika nació en Bilbao en febrero de 1947 y murió en la misma villa en marzo de 2016. Fue miembro fundador del colectivo Poetas por su pueblo y director, desde 1981 (codirector hasta 1989) de la revista de poesía Zurgai, decana de las publicaciones literarias vascas y referencia ineludible de la lírica escrita en el País Vasco, y también fuera de é, durante las más de tres décadas de existencia de la publicación.

Su obra se compone de los siguientes libros: Canto terrenal, distinguido con el Premio Bahía en 1975, Contra el rito de las sombras (1976), Del corazón y otras ruinas (Premio Alonso de Ercilla del Gobierno Vasco en 1985), Los ojos de la iguana y otros poemas (accésit del Premio Alonso de Ercilla en 1987), Los ónices de Onán (Premio del II Certámen de poesía erótica de los Talleres literarios de La Galleta del Norte en 1989), Cálices de octubre (Accésit del premio Alonso de Ercilla, 1989), La rueda oscura (Premio Imagínate Euskadi en 1992), Endecha de la huella oscura (Premio Imagínate Euskadi en 1994) y 27 sonetos de amor y una canción enajenada (Premio Imagínate Euskadi en 1996), Entre los pliegues de la luz (publicado por El gallo de oro en 2012) y Bajo el ligero peso de la nieve (Bilbao, El gallo de oro, 2016).

De él ha escrito María Victoria Reyzabal que va “del yo al nosotros, del tú al vosotros, de la tristeza a la amargura, de la ironía al sarcasmo, destacando la originalidad de las imágenes, porque Langarika antes siente, se emociona, y luego matiza y razona. Con percepciones de desposeimiento amoroso, cierto fracaso existencial y una especie de resignación política, el poeta continúa escribiendo y hablando de ello.”

En 2003 publicó una carpeta, ilustrada por el pintor José Javier Lacalle, titulada Aunque al fondo esté la música; en 2004, un libro en edición numerada titulado La llama amarga en compañía del pintor Fernando Eguidazu; y en octubre de 2009, en colaboración con el fotógrafo Mikel Alonso y el diseñador Paciel Gonzalez, publica La memoria del aire.

Ha sido incluido en diversas antologías y traducido al euskera, italiano, frances y corso. 

En la entrada de este blog dedicada a su último libro incluimos el texto de presentación que su gran amigo y colaborador, José Fernández de la Sota, leyó durante la presentación del poemario en la Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao la tarde del 28 de enero de 2016, 48 días antes de su muerte.




ENLACES EXTERNOS

Enciclopedia Auñamendi

En Zurgai

Una entrevista en el Diario Montañés

Pablo González de Langarika y Javier Arnáiz en el diario Público



POEMAS

PAISAJE CON PÁJAROS

Retornan los pájaros desde las ramas de un corazón antiguo, cruzan nubes hacia el sur mientras irrumpe la lluvia en los tejados. Innumerables, ante ti, sábanas rojas y adagios diminutos... y envolviéndote muy lentamente un lienzo que recrea lo imposible. Sus calidades conducen a la noche

Bajan arroyos, oscuros y veloces. En sus orillas se yacen los ojos de los caballos torturados, todo se ciega de azul en un instante. Ahora descienden estrellas en acecho, ciegos planetas, aromas suaves con pieles innombrables en pos de la liturgia que convenga.

Buscan la luz de un monosílabo perfecto, el dulzor de una mañana, una ventana abierta al horizonte, una voz limpia...la eternidad que nace extraviada... Pero no quieren sentir tanta urdImbre, tanto silencio vencido por el sueño; ya nunca, nunca la herida tras la sombra, su rosa enferma.

Sienten muy cerca los pasos de la angustia, que se amortiguan bajo las manos rugosas del silencio. Detrás se cierran los caminos y los puentes no conceden su alegría. Tú, oyes subir al corazón cansado, plasmado en tonos ocres, violetas... ya nunca más el mundo sin sus ojos, el aire sin su risa. Regresan pájaros y versos a la niebla...

Buscas refugio en el vértigo que llega, en el veloz animal que te provoca..., no, ya nunca, nunca, pechos, labios, sombras, ciegas rosas. Cierras los párpados con fuerza te incendias de una amalgama de colores; rechazas el retorno de las aves, te abandonas al extravío de las luces. No deseas despertar...




ANIMAL DE SOMBRA

(Entre los árboles danzan las blondas que el aire despereza, llagas de un oro lejano y sometido besan las manos delgadas de la lluvia).

Beso tu boca de jarchas y arquitrabes, su toro húmedo, su fruto decimal e inadaptado. Beso tus ojos de peces infinitos Siento un placer de lenguas que me labran, de dedos turbios como cálidos pezones, de causas lentas que me acosan en la sangre, que me sujetan, que me someten a sus góticas raíces

Beso tus labios y también beso la muerte de curvas cárdenas y huesos roturados Bebo la esencia de los cálices maduros. tengo en mi mano la tuya ensimismada; porta el laurel, la sombra amarga de las ostias, el fuego liso de la torre de babel y la ternura más abrupta y más bailable.

Busco la estela del rito transparente que retorne la voz de la liturgia incuestionable de la lágrima medida en pétalos ya secos,... entre zaguanes, sobre laderas lentas, entre las crines de los caballos indolentes.

Beso tu boca de jarchas y arquitrabes, su toro húmedo, su espíritu de acacias y de espinos... y se hace carne de amor el horizonte, y hacia sus párpados me aluno mansamente. Y me hago noche en los recodos sin recargo... y me hago nido en el abrojo de tu pecho...

Y me hago tarde...




MUÑECO ROTO

Ese muñeco roto mueve el brazo.
No le anda el corazón. Falta la llave
que un día le dio cuerda. Pasa un ave,
le da sombra en los pies. Algún retazo

de tela se le escapa y aunque mueve
las piernas levemente, no anda bien.
Aún ve aquella muñeca en el andén
y un paraguas oscuro y ahora llueve.

agua antigua, pausada y rencorosa,
sobre las raudas huellas de aquel tren
de ciega luz y efectos mariposa.

No está bien el muñeco. Ha guardado
su foto en el chaleco y no está bien
que la llave repose en ese lado:

costado que ha evitado y que tampoco...



MUCHACHA, TÚ

Airadamente apuntas tus claveles
tras esa blusa de yeguada rosa,
de mimbre tu cintura, esa es la cosa,
tu falda al viento como los papeles.

Azules ojos, amplios mirabeles
que van desde tus cejas a la fosa
nasal y hacia esa boca esplendorosa,
jugosa en sus abrojos. Los manteles

de la luna coronan cada paso
con que cortas el aire, displicente.
Juzgada de lujuria, tú, inocente

yo en la cárcel temida del fracaso,
por no ser en tus piernas, o si acaso
por soñarlas de modo permanente.



EN MIS INFIERNOS

Para Rosa Díaz

Fui hijo de unos padres con defectos
y padre soy de hijos y me acuso
de haber caído acaso en el abuso
de quererlos magníficos, perfectos.

No hay ente que a la raza no le aporte
alguna chamusquina en su regazo,
sorpréndete si es fruto de un abrazo
obsequio de un oráculo y su corte:

en dios está la perfección, el mundo
gira bajo su ojo permanente.
Ya veis, no se despista ni un segundo.

Él mira a Irak, al papa y a esta noria
que gira, entre sus manos, inmanente.
Con crudo puro y gas... para esa escoria

Señor, si permitiste sus misiles...
estoy en mis infiernos, no en tu gloria.



CARNE DE TORO

A Javier de Bengoechea

Carne de toro soy, dijo él un día
en una plaza triste y espaciosa.
Tabaco y oro, ¿acaso aquella rosa
le priva al toro de su valentía?

Porque vivir se puso al rojo. Vivo
te pusiste detrás de la barrera.
Aquella cita fue la más sincera
que se escuchase en voz de fugitivo.

Con el espíritu cautivo, hubo
hombres que no expresaron tanto. Dicen
algunos que sufrieron mucho, dando

la cara que no he visto nunca. Tuvo
orgullo tu figura, algunos dicen
que de un primer espada. De un maestro

que nació diestro y morirá lidiando
las astas puntiagudas de un soneto.




ESPAÑOLITO

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Antonio Machado


Como toro de lidia estás naciendo
por el rayo de la muerte atravesado
con una herida blanca en el costado,
rejones de la noche padeciendo.

La tierra que te ve, la que esta siendo
coso sin luz y lluvia sin tejado,
se mueve entre la sombra y ha dejado
la esencia de los árboles ardiendo.

A pura luz te mueves en lo oscuro
y partes de una sangre equivocada
que dio con su sentir en lo más duro

del alma niña y tierna y destrozada
y vio una suave luz allí en lo puro
y luego una inquietud, y luego, nada.



AUTORRETRATO

Sólo un sueño sin alma ni esperanza,
una inmensa llanura entre los ojos,
marea azul que acerca en sus rastrojos
la voz de un aire herido que no avanza.

Una pasión hendida en una lanza,
un cuerpo que se excede en sus antojos,
la palabra que, inmersa en sus abrojos,
cita el lugar extraño que no alcanza.

Un universo gris precipitado:
las notas del bolero de Ravel
y el giro de un querer desarbolado.

Desgrana un ave, triste, en el dintel,
de un corazón el viejo son callado
que vierte arteramente en un papel.



COMO BOGART

Por no fumar hachis ni cortar rosas
me citan muy de lejos los mecheros
y son, con sus instantes mas señeros,
garantes de mis sueños y mis cosas.

Las páginas quemadas de mi vida
serán –quizás- mis versos más sinceros.
Sembrada está de enigmas y aguaceros,
en sombras de otras vidas verdecida.

Quién pudiera quemar los pensamientos,
tachar la noche absurda de las cruces,
dorar a fuego lento sentimientos.

Como Bogart mirar bajo el sombrero,
hundida la mirada, soñolientos
los párpados, la boca puesta a cero,

los ojos de la Bacall, su señuelo...




Tres bocetos para
un autorretrato



VIDA

Un pasaje de tiempo entre dos nadas,
una novela absurda bien escrita,
la sombra de otro sueño que te excita
bajo un lagar de estrellas desplazadas.

Una isleta que surge entre llamadas
y niega la razón que solicita.
El paisaje dorado de una cita
al que acuden discretas las miradas.

Un tiempo no real que está en ti mismo
y no puedes tocar desde la orilla.
Un haz de sol al borde del abismo.

Un universo anclado en una astilla
sobre una eternidad que nunca pasa
y cesa si se apaga tu cerilla




DESPIECE

Es trágico nacer si no se crece
después de tantos años, días tales,
saberse no saber, por más que avales
el truco de la risa con un trece.

Ceñido por la sombra que oscurece
entre algunos pecados capitales
vas tirando con gestos aún vitales,
hilando cabos para tu despiece.

De sombra para arriba bien colmado,
dorando esperas y apurando nieves
que caen astutamente en tu tejado.

Un mimosón de globos y de jueves,
un corazón que busca en el mercado
la pálida ilusión en que te mueves



RESTOS Y ARRESTOS

La lasitud de una niñez que queda
mermada por la hez de la mentira,
una forma de ser que se retira
apresada en un círculo de greda.

Una vida que asume su mensaje,
la levedad del aire cuando llega,
el principio adaptado de la entrega
y unos gramos de luz y de coraje.

Apuntes que se dan o que se dieron,
-el lienzo es grande para el personaje-
pero dicen las lenguas que lo vieron

casarse y comulgar dentro de un traje,
-con hálito de mar pero sin remos-
(Si escuchamos su voz observaremos

algún rastro de sal en su equipaje)



A PABLO NERUDA POR SU DESLIZ
EN CEILÁN CON UNA SIRVIENTE
DE LA CASTA DE LOS PARIAS

Su luna calcinó tu esputo ardiente,
sembró la escarcha negra entre tus manos;
hoy sube un rastro sucio de gusanos
por el cauce abatido de tu frente.

Su fría levedad, indiferente
a la indecente esencia de tu mano,
probó que la pasión contaba en vano
con el ciego brotar de tu simiente

Eres del mundo triste ese desecho
que escapa de la luz y alerta el hecho
que rompe putrefacto en Isla Negra.

Hijo hasta donde sé de lo ladino
poeta portador de un aire espeso
que pisa un corazón en desatino:
aval de la lujuria de tus heces

La muchacha tamil bajo tu peso
rasgó su corazón setenta veces.



SONETO IMPERFECTAMENTE IMPURO

Moriré sobre una silla con tres ruedas,
(tus labios que son miel y son paciencia)
diabético de sal en la evidencia
de hacer siempre de mi..., hacer que puedas

quedarte con mi orgullo si te quedas,
(tu boca que es granada permanencia)
girando en el trasluz de mi conciencia,
tejiendo en mi garganta fuegos, sedas.

Si en un Bilbao con sol esplendoroso,
fijada entre mis manos tu cabeza.
(Tus labios sobre un músculo gozoso)

El hilo de mi vida en tu destreza
(tu aliento que se entrega laborioso)
hasta que pierda mi hombría su entereza.



PÉRDIDAS

Las pérdidas se mueven. Viajan solas.
Alcanzan un lugar de tu presente.
No estaban y ya están. Y de repente
se vienen y se van como las olas.

Son lacres de la sangre en caracolas,
amapolas posándose en tu frente.
Siemprevivas sencillas y, en el diente,
carnada de otros labios, barcarolas...

Son las levas de un tiempo traslucido
que suma a lo ganado, lo perdido:
presente refutado en el ayer.

Una estación de siembra que se agota.
La vida depurada gota a gota
a la que no podrás, jamás, volver.