martes, 17 de noviembre de 2009

FERNANDO ARAMBURU


Fernando Aramburu nació en San Sebastián en 1959. Fue miembro fundador del Grupo CLOC de Arte y Desarte y colaborador de la revista Kantil. En su ciudad natal emprendió estudios de Filología Hispánica que habría de concluir más tarde en la Universidad de Zaragoza. Desde 1985 reside de forma permanente en la República Federal de Alemania, donde ejerció la docencia durante largos años. En la actualidad se dedica exclusivamente a la creación literaria. Sus inicios como escritor se sitúan dentro del ámbito de la poesía. En 1990 se pasó, parece que definitivamente, a la prosa. Colabora en periódicos y suplementos de cultura. Algunas obras suyas han sido traducidas a diversos idiomas.

ENLACES

Fernando Aramburu en Wikipedia

En Tusquets Editores

En este mismo blog: UNA MEDITACIÓN SOBRE POESÍA


OBRA EN VERSO

El librillo, San Sebastián, 1981, edición del autor, reeditado por Ed. Hiperión, Madrid, 1995
Ave Sombra
, Haranburu Editor, San Sebastián, 1981

Bruma y conciencia
, recopilación de su obra poética casi completa, Universidad del País Vasco,
1993



NOVELAS
Fuegos con limón, Los ojos vacíos, El trompetista del Utopía, Bami sin sombra
(todas en Tusquets Editores).



LIBROS DE RELATOS

No ser no duele, El artista y su cadáver, Los peces de la amargura
(todos en Tusquets-Editores)



LIBROS PARA NIÑOS

El ladrón de ladrillos, Mariluz y los niños voladores (ambos en SM, con ilustraciones de Asun Balzola). Vida de un piojo llamado Matías (Tusquets Editores, ilustraciones de Raúl Arias).

PRESENCIA EN ANTOLOGÍAS

-de poesía:

Anales de Trotromrotro, Haranburu Editor, 1981
Poesía vasca contemporánea, Revista Litoral.

-de cuentos:

Los cuentos que cuentan, Anagrama, 1998
Cuentos eróticos de verano, Tusquets, 2002 La España que te cuento, Funambulista, 2008 TRADUCCIIONES
(todas en Editorial Laetoli):

El brezal de Brand – Arno Schmidt Montauk – Max Frisch Obras completas – Wolfgang Borchert



POEMAS



AVE SOMBRA

Duérmete en la ceniza, duérmete en la nieve, labio,
labio o fuego donde en vano el agua quiso besar,
muriente de sed, muriente secreto hecho blancura
que de orilla a orilla callas por temor a que algo llame.

Tu amar, como una agonía entre la espuma y la arena,
como esas horas confusas que la claridad evita,
y en las que anida la sombra y en las que todo es un ave
que con sus tenues regueros te borra
mientras tú duermes.

Tu amar, tu dolor de ti, labio perdido entre espejos,
fuente sola, fuente negra al margen de los caminos,
tu amar que es entrar de golpe al fuego
sin el cual nada se encuentra,
pero que ahora, en tus alas, es una rama de olvido,
una muerte triste, un poco de hielo.




(Poema nº 19 de Mateo)

Sólo he vivido cuando amé
un cuerpo entre los brazos palpitante,
su aroma como un ala furtiva que rozasen los labios sin quebrarla
en la penumbra secreta de la alcoba,
sin afán de más dádiva, en la noche ferviente,
que su lengua bebiendo de mi vida en ella hallada.

Perenne fue vivir, en instantes de luna perezosa
resbalando en las sábanas que el deseo revuelve,
los temblorosos cuerpos sobre las húmedas ondas de lino
o en la hierba, en tanto suspiraba
con cada golpe el corazón tomado
de un estremecimiento como la mar latente, que en lo profundo de los torsos
el cuarzo torna en ascua abrazadora.

Era en el gozo solamente genuina la existencia,
como el ocaso en plenitud de púrpura
que, al ceñirse, rescatan dos formas bajo el viento de unos chopos, y no prófugo
a ese dulce abandonarse a un desvarío
quise arder, y a unas células con fulgor alentando en otra suerte.

Mas el precio de amar lo cifra el hombre en perseguirse
con su código yerto y su hechura de grilletes,
ciego que se complace en sus tinieblas
y aun suple en tal afán el de la breve luz dichosa,
urdiendo cada vida a semejanza del polvo de los muros
(confines de la propia entre asedios de la ajena).

Así como el pavor que lo instaura, su dios,
en cuyas lágrimas descreo en nombre de las mías,
promisorios rediles desdeñando,
mas no por rebelarme, ya que he vivido
el claro edén que en unos labios se abre.

Estas fieles palabras lo atestigüen.




(Poema IV de El tiempo en su arcángel)

Brilla en tu labio la humedad del vino
que acabas de beber. La delicada
gota lenta despierta en tu sonrisa
una flor de cristal en miniatura.
Y al sentirla mi labio ya no sabe,
entre lo que ha besado y ha sorbido,
cuál de tantas dulzura lo enajena,
si empieza en ti la sed, si en ti termina.




HIJA

Conocerás la luz, el mar variable
que precede al origen y es ulterior al mundo,
las laboriosas hormigas dispersas por la senda
repitiendo el afán inútil de los hombres.
Conocerás la sed del agua y la del vino
y aquella de los cuerpos más terrible
que no querrás saciar ni acaso puedas nunca.
Conocerás la llama, la rosa y el cristal.
La dicha desde luego conocerás un poco,
suave nube sin aire que pasó
y no ha pasado, la desatada música
que es, igual que el tiempo, un artificio.
No podría olvidar las injusticias
que harás y que han de hacerte,
el grito, la pared, la muchedumbre,
las incontables horas de ajetreo
precisas cada día si quieres resolver
un ínfimo momento sosegado,
y esa noche de lluvia en que estás muy sola.
Conocerás también la estatua, el libro,
el espejo, el relámpago y la taza,
la sangre que discurre buscando una salida,
la mosca pertinaz, la inapartable muerte
que no ha de consentir que te conozcas.
Un sueño sin piedad sabe tus días.
Números, padres, ríos, sombras, luna
-espléndido dolor- te aguardan. Nace.




CERVEZA

Grata como susurro al escanciarte, en la memoria
de noches calurosas al borde de un abismo de besos,
entre brazos que habrán palidecido,
con tu presencia derramada me encuentro a cualquier hora
de la edad que hoy arrastro igual que a piedra.

Tú eres ya para mí más que un amor gozosa
manera noble de estar conmigo a buenas
con que quisiera perdurar hasta las nubes últimas,
en la boca tu amargo sabor sabio
y ofrecida a la mano y deliciosa
igual que cuerpo a nuestro antiguo afán tendido.

Hoy te tomo con sed insoportable
de juventud, en cálices comunes
que apuro al discurrir las anodinas horas
a la caducidad abandonadas.

Sáciame, mientras caigo como hoja
enferma de existencia consumida, a tu modo cordial de suave soledad,
espuma deleitosa,
fresco amargor de quien espero sepa
un rato devolverme los días que pasaron,
de amable dios tardío sangre rubia.




AL AMIGO (CARLOS AURTENETXE)

Hosca es la tarde y hosca como aquella
de tempestad
vivida juntos
que separó los rostros,
los metales fraternos que hemos sido,
la tarde que dispuso en montones de herrumbre,
mojada por la lluvia la memoria.
Ya nada nos exime de velar
la consabida pequeñez de los hombres
bajo la lluvia, ni de otorgarle a esa fatiga
minuciosa los sones implacable con que triunfa
el dolor y prevalece
al fin de cuerpo en cuerpo.
El cielo está enfoscado y sé que llueve
y sé que cumplo ese feroz designio
de hallarse lejos,
de hallarse lejos bajo nubes anónimas
si anoto ahora cuando calla
el tenaz habitante de mi tumba.
Me acojo a tus palabras, hilos negros
que ayer tendiste trabajosamente
en rincones nocturnos de cuartos fríos,
y a tu amistad donde perdura intacta
la imagen de aquel mar azul que está contigo ahora,
esparciendo no sé si en calma, si hosco
como esta tarde de chubascos
y de tinieblas, sobre rocas
despreocupadas de nuestro afán,
libres de nuestra ingente incertidumbre,
la blanca, la dulce espuma de haberte conocido.
Amordazado por la oscuridad,
mientras la tarde igual que vida humana se derrumba
preservaré por si existierea el alba de otro día
mis pocas y entrañables ilusiones:
el mar, nuestra ciudad y reencontrarte.