domingo, 25 de octubre de 2009

ELI TOLARETXIPI




Eli Tolaretxipi nació en San Sebastián en 1962.
Es poeta, profesora y traductora. Ha escrito los libros de poemas Amor Muerto / Naturaleza Muerta, Los lazos del número, El especulador y Edgar. Ha traducido, entre otros autores, a Sylvia Plath, Elizabeth Bishop, Menna Elfyn, Aurelia Arkotxa, Tess Gallagher, Lydia Flemm y Patti Smith.
Su último trabajo es Mira cómo se hunde, publicado dentro de la serie colectiva Destrucción y Construcción del Territorio, (Universidad Complutense de Madrid).

Su obra ha sido traducida en Francia e Inglaterra y sus poemas han sido incluidos en diversas antologías. Ha publicado poemas en Elgacena, Malavoglia (Italia), Factorum, Cuadernos de Matemáticas, Periplo (México) y Turia. También ha colaborado con artículos en otras revistas culturales como Quimera y Ficciones.

Olvido García Valdés ha dicho que los poemas de Eli Tolaretxipi están ocupados "con insistencia" por "los cuerpos, la enfermedad, la vida cotidiana, el amor y las relaciones familiares, el tiempo que se data con exactitud" y que no se diferencian en ellos “los sucesos que ocurren en la vida diurna y los del sueño. Todo igual de real. Todo fantasmal o vivo, según se mire".



ENLACES

En Bassarai

El especulador en Ediciones Trea

En la revista Espacio Luke

Eli Tolaretxipi en Isla Kokotero, sección & Poetas del mundo, antología en movimiento

Revista Bacquiana

En El Universal de Caracas

En pick a book


Reseña de El especulador por Sonia Scarabelli Arrieta
















POEMAS


De Amor muerto / Naturaleza muerta:


II

Da miedo mirarla
pintando el mismo paisaje cada mañana
como una araña
tejiendo desde el balcón

mi cabeza
sobre el horizonte de esas playas ridículas,
para no salirse, para que no me vaya
para abarcar lo que delante
tiene
que es todo en lo que cree
porque l
o puede tocar.

Así le ocurre a este cuerpo
cuando el deseo despierta

del sueño de mentir en sus brazos.

Hace ya lienzos
que en la boca entretengo un presentimiento:
la miro y veo

que mi retrato y las marinas
acabarán en la carpeta de un marchante de feria
en feria; de
cama
en cama
ella,

con algo que llevarse a la boca.



III

Dice que me va a vaciar.
Me venda el pecho con paños blancos
empapados en pintura pastosa
y vigila
desde el espejo
esa corteza que me va saliendo:

la superficie
porosa y abultada,
la piel que tomará
el ejército de mujeres

que surja de este molde
cuando yo me haya convertido
en su falta de inspiración.


Me endurezco
y me parto
si trato de escribir.

Ahora, por ejemplo, tengo
una e
mergencia
emocional,
y de nada me sirven
una servilleta sucia,

un cuchillo con restos de
queso.



V

Me despierto en un portal

en pleno centro de la ciudad vieja de B.
Trato de reparar en el hecho de que
no volveré a estar allí.
Anoto el suceso.
Me sacudo el polvo.

Sólo un amor en descomposición olería así.
Un animal muerto hace días
entre los peldaños de la escalera
de una historia como ésta
olería así.
"Así" significa olor a carne perdida
a descuido

a desperdicio.
En algún lugar del cuerpo
el paso de sus uñas, tan sucias

siempre, de pintura
de sangre seca.
Anoto mis manos.
La falda larga cubriéndole los tobillos.
Es fácil dejar de ocultar.
Desde fuera

nadie puede leer el desánimo.
Me sacudo la cal de la ropa.





de Los lazos del número:


II

Petirrojo de cuerpo diminuto, de un solo ojo abierto.
Lo trae la gata hasta el cuarto de baño
lo veo tendido como un despojo. Muerto, y sin embargo, bello.
El poeta explicaba el poema como un artefacto hecho de despojos, trozos, tropiezos
no digeridos que sobresalen en el vómito. Con los trozos que el estómago
no ha triturado, que los ácidos no han corroído, ni los líquidos disuelto,

hago el poema. Así, el texto se vuelve sólido y el poema es

lo que se traga sin ser masticado.

Lo que aprieta en el estómago.
Si creyera
en esas cosas, pensaría que con su ofrenda la gata
me recuerda que soy mortal.

¿Lo habrá matado ella? ¿Cayó de frío? ¿Sufrió al morir?

Diciembre, ese mes tan extraño.

Hay años que llueve mucho y río abajo se oye el agua como el galopar de los caballos.

No esta noche. Este diciembre huele a sangre y a hojarasca,

y así suena el filo metálico de la luna que guía a la transeúnte

hasta la casa fría, donde el gato le quita el abrigo,

le besa en la frente, le da de comer




Lectura 29-XII-2000 1:00 am

El cuchillo,
demasiado afilado
amenaza
desde su posición en una esquina
a la mano, que,
blanca y descuidada
se araña en el aire.
Los dedos son largos y huesudos,
independientes; tanto
que jamás aprenderán nada al piano.
El vello les crece durante la noche
y después de rendido el cuerpo.

El amanecer borra la herida
y absorbe la sombra de los pelos.

Con toda naturalidad lee
y los fonemas y el aire me baten
las aletas de la nariz.
Cuenta que
hay una mujer en un autobús,
una mujer en un hospital
y un hombre que toma notas en una libreta.



Lectura 8-I-2001 5:45 am

La doctora me examina la garganta
y su saliente en forma de pico:
“todas las iglesias tienen campanario
y tú eres la cavidad abierta; a pesar
de la punta, no tienes defensas.
Tu campanita parece un plumín”.
Soñaba que la muerte era un esqueleto
hecho con papel de pentagrama,
con la guadaña blanda, muy mal
recortada, y por la narración supe que
a él le había alcanzado en el pecho.
Yo seguía golpeando con mi pico agudo y preciso
y las losas saltaban en pedazos.
De la excavación salía cuarteada,
pero entera.
Al despertar me olisqueo la ropa
en busca de un indicio.
Se cierran los grifos de la noche
y el paisaje huye.
En el bolsillo
el calor de su mano, el trozo de papel,
la dirección, varios unos con forma de banderita,
un tres abultado.


A

El viento de la máquina bate
las hojas de la palmera.
Hay un gato que trepa por el delgado tronco
y se detiene sin llegar al enjambre de
palmas secas.
La palmera es una señora flaca y descolorida
con la cara alargada,
calada con un sombrero de espadas verdes.
El gato es un mono que quiere besarla
y se pierde en el paisaje borroso de su peinado.
No es una selva, es el patio inundado de una ciudad con
pies que evitan el agua, brazos
que no consiguen detener la máquina.
Estoy en la laguna enmarañada de sus ojos,
en la orilla de los libros,
en los agujeros del número.















De El especulador:


EXTRACTO

En el diccionario
el extracto es una esencia
una disolución concentrada.
En la mesa
el extracto es un papel doblado
entre las hojas de una exposición
con siluetas de personas que miran cuadros
para figurarse el tamaño.
Al parecer, un extracto
es una concentración
una pequeña cantidad
un grano, una gota.
El extracto en la mesa
es un papel con la esencia
de un estado y sus números.
La esencia se disuelve sobre el extracto.
Inagotable impregna la mesa.
Se borran algunos escritos.
Algo como “valor”
se diluye
en el pozo de tinta,
de donde surge la definición
la secuencia de cifras borrachas
que determina
las pisadas apresuradas por la acera
el chasquido del bolso al cerrarse
el mareo en la cola
el temblor de la mano
el ahogo al subir los peldaños.

Es la resta.
La reducción a ser papel
y ausencia desorbitada.















De
Edgar:



DOLOR

Pain has an element of blank…
-Emily Dickinson-

Lo primero que pierdo al caer
en el pozo es la sintaxis.
Sólo palabras sueltas
como dolor o visión de herida.
magulladura, arañazo, imposibilidad de
saber si antes, o
si la marca es el recuerdo
de algo, la hinchazón oculta
por el pelo podría parecer irrisoria, patética, evitable.
Y qué me dices del ruido.
Será que el agua hierve o son aplausos, el agua o
un piano que imita los músculos
del mar, sus hombros, los brazos,
las manos que apartan la densidad.